La inversión tecnológica en los embalajes para proteger a las empresas y a los consumidores

Una de nuestras revistas online preferidas, Packaging Europe, introduce un tema de reflexión realmente interesante sobre una cuestión que nos atañe: la lucha contra la falsificación.

Desde el comienzo del nuevo escenario mundial que ha traído consigo la pandemia son muchas las cosas que han sucedido; no existe una franja de mercado que no se haya visto afectada por un virus que ha cambiado nuestro modo de vida.

Es indudable que muchas industrias han sufrido graves daños a nivel económico, pero al mismo tiempo nos gusta pensar que esta emergencia sanitaria mundial ha sido (y sigue siendo) un banco de prueba importante para todas aquellas empresas que afrontan el cambio sin dejarse arrastrar por el desánimo y que pueden convertirse en pioneras de activos económicos futuros.

Si bien muchos negocios han sufrido una fuerte ralentización o incluso un estancamiento, el de la falsificación no se ha detenido: la demanda sin precedentes de equipos de protección individual, desinfectantes y productos para la limpieza específicos ha obligado a los productores a crear cadenas de aprovisionamiento constante, dando lugar a la “tormenta perfecta” para los criminales que buscan sacar beneficios de la pandemia.

Piense no solo en el daño económico que esto provoca a las empresas productoras, sino sobre todo en el daño a las personas que consumen y utilizan esos productos, potencialmente letales.
Esto nos hace entender hasta qué punto el embalaje actúa como una primera línea de protección de cualquier producto.
Ya en época pre-COVID, los productores se estaban equipando a nivel tecnológico para prevenir y combatir los grandes daños de imagen causados por la falsificación.
Desafortunadamente, son muchos los criminales que tienen acceso a estas tecnologías y muchas veces las medidas adoptadas por los productores son ineficaces.
Cuando algo es nuevo en el mercado, las posibilidades de falsificación aumentan de manera exponencial debido a que la empresa productora aún no ha podido implementar un packaging y unas medidas contra la falsificación efectivos.

Además, las plataformas en línea han contribuido en gran medida a empeorar las cosas, creando una vía de acceso privilegiada a los impostores que cuentan con un escaparate virtual y canales de distribución que muchos usuarios pueden encontrar fácilmente, dada la muy alta demanda de ciertos bienes.

Parece realmente un túnel en el que no se ve la luz, pero la tecnología y la difusión prácticamente total de los teléfonos inteligentes han permitido a grandes empresas incorporar códigos de barras especiales impresos a modo de huellas digitales (e-Fingerprinting) y códigos QR para identificar paso a paso toda la cadena de aprovisionamiento y distribución de un producto, de modo que quien lo reciba pueda comprobar su autenticidad antes de utilizarlo (con la correspondiente App móvil).

Para ayudar a los productores a proteger a sus clientes y consumidores frente a la falsificación, nosotros siempre les proponemos que afronten este delicado problema mediante la inversión en un sistema de dosificación que distinga y caracterice su marca en el mercado. Es importante entender la razón profunda de esta inversión, que se traduce sobre todo en calidad y seguridad. No se trata solo de ser más atractivos desde un punto de vista comercial, es mucho más que eso.
Un código de barras diferente, un spout o un código QR son algunos de los sistemas que deberían convertirse en el A-B-C de los productores y pasar a formar parte del ADN de las mayores marcas mundiales.
Y usted, ¿qué piensa?

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